EL CANTO DEL CORAZÓN.

Si hay algo que puede hacernos cambiar nuestro estado de conciencia es el sonido entre otras muchas cosas más, pero  tanto el sonido como el canto, sanan las heridas y produce un cambio psíquico y psicológico. Hay cantos que evocan al amor, otros a la muerte, otros a la alegría, otros evocan a los dioses, al misticismo, cantamos en grupo para alcanzar un estado especial y convocar fuerzas específicas para algo,  por ejemplo; para atraer a la lluvia. Se canta para hacer llevadero un trabajo o para sentirnos acompañados. Le cantamos nanas a un bebé para que coja el sueño, cantamos susurrando para tranquilizar, cantamos para vencer el miedo, etc…

El canto proviene de una misteriosa fuente que confiere una sabiduría interna del estado de ánimo.

Durante mucho tiempo se ha cantado y ahora parece ser que nos da hasta vergüenza cantar y, sólo lo hacemos en la ducha o cuando no nos escucha nadie… Pero el canto de la canción y el canto del corazón, limpian de asperezas nuestros sinsabores, evocamos a las fuerzas armónicas y nuestra alma se conecta con la melodía ampliando nuestro estado de conciencia.

Yo recuerdo cuando se cantaba a los bebés, yo recuerdo cuando se cantaba con los niños, yo recuerdo cuando se cantaba cuando se iba de excursión al campo, y recuerdo cuando se cantaban serenatas, yo recuerdo cuando se cantaba  para recuperar la salud, yo recuerdo cuando se cantaba a las fuerzas de la naturaleza y a los dioses, cuando se cantaba a la muerte, cuando se cantaba a la vida.

YO RECUERDO MI CANCIÓN ANTES DE QUE NACIERA. YO ENTONO MI CANTO.

Historias del espíritu, historias del corazón.

 En dicha tribu la fecha de nacimiento de una criatura no es el día del parto, ni siquiera el día de la concepción como en otras comunidades. Para ellos la fecha de nacimiento coincide con el instante en que la madre piensa por primera vez  en ese hijo o hija.

La madre, consciente de sus intenciones de concebir un hijo con un hombre específico, se aleja para sentarse solitaria a la sombra de un árbol grande. Allí se sienta y escucha con atención hasta que puede oír el canto de la criatura que ella espera traer al mundo.

Una vez que ha oído la canción, vuelve a la aldea y se la enseña al padre para así poder cantarla juntos mientras hacen el amor, invitando a la criatura a que se les una.

Cuando se realiza la concepción, la madre le canta la canción al hijo que lleva en el vientre, y luego se las enseña a las ancianas y a las parteras de la aldea, de manera que durante los trabajos del parto y el instante del nacimiento, la criatura sea bienvenida con dicho canto.

Después del nacimiento, todos los miembros de la aldea aprenden la canción de cada niño y se la cantan cuando se cae o se hace daño. Se canta también en momentos de triunfo, en rituales y durante la iniciación.

Cuando llega la edad adulta, el canto se convierte en parte de su ceremonia matrimonial.

 Al final de su vida, sus seres queridos rodean su lecho de muerte y entonan el canto por última vez.

Tus amigos conocen “tu canción” y la cantan cuando tú la olvidas.

Puede que hoy en día  para nosotros los occidentales oír este tipo de historias sea algo que no tiene importancia, nos hemos desviado hacia un mundo de superficialidad metalizada, hueca sin sonidos reales, donde impera la ambición y nos dirigen desde fuera. Pero en realidad tener la capacidad de poder escuchar y ser guiados por la magnificencia de los cantos del corazón, contiene una de las fuentes más importantes y grandiosas de la vida.

¿Con cuánta frecuencia cantas? RECUPERA EL CANTO Y LA FLOR.

LUHEMA

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