Indignados, La justa cólera.

Hoy me he decidido a escribir sobre  el movimiento de la cólera e indignación, y es que en estos tiempos  del fin del calendario Maya vemos cómo todos los sistemas basados en el miedo y en la manipulación tienen que transformarse para que el hombre pueda dar paso a una nueva forma de vida más acorde con los tiempos (era de Acuario) y con la armonía, con las fuerzas telúricas y las cósmicas y con su naturaleza sagrada  . Y eso trae consigo una re-evolución de todo lo que social, económico, ecológico, espiritual y emocionalmente estamos viviendo. Es un proceso de limpieza y de transmutación necesarios. Es un proceso en el que el hombre tiene que comenzar a vivir desde otros patrones , desde la verdad y desde el amor.

En cada uno de nosotros existe la justa cólera, además es sana y es necesaria cuando nos sentimos de algún modo invadidos, violados o somos víctimas de la humillación, la explotación o el maltrato.

Como dije, hay un reducto en el interior de cada persona que se niega seguir rindiendo pleitesía  y entonces se rebela.

Es una fuerza salvaje que tira de nosotros, de nuestra conciencia para decir ”basta ya, hasta aquí y no más”  y nos pone al límite de lo que no es negociable ni queremos seguir soportando.

Hoy lo vemos claro con los indignados, con el movimiento de miles y miles de personas que deciden de forma pacifica gritar a los cuatro vientos que no es justo, que este modelo de vida no se puede soportar más. Y es que se están violando los derechos, los códigos éticos se ven manipulados, y esa cólera burbujeante se llama indignación.

Muchos dirían que el ego es lo que lleva a la indignación, pero detrás de ese ego, está el yo que exige respeto, el  yo que no quiere seguir siendo manipulado, el yo digno, el yo más humano.

Tenemos que saber diferenciarlo del egoísmo que busca otras cosas distintas a este impulso que quiere hacerle frente a algo que considera injusto. Para mí es un acto de dignidad personal que engrandece.

Pensemos que cada vez que vamos en contra de nuestros valores humanos, perdemos las defensas de nuestra autoestima, nos hacemos pequeñitos y perdemos nuestro mayor tesoro.

Cuando exigimos respeto, estamos protegiendo nuestro campo electromagnético, estamos evitando que el yo se debilite y pueda acceder al YO que nos une, que nos conecta con lo más elevado, el AMOR.

Hay que hacerle un hueco a una nueva forma de ser ,a ese auto- respeto, auto-ayuda, auto-estima, para que de este modo se gesten  nuevos oasis en las tierras desiertas, en los hombres durmientes, en las almas pasivas. ES EL MOMENTO.

Luhema

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