Para que cada uno de nosotros pueda convertirse en “hombre medicina” tiene que tener la capacidad  de poder combatir los estados de ansiedad, depresión, adicción o enfermedad, y por lo tanto lograr la sanación de nuestra esencia  y del entorno. Esto supone recorrer   no una, sino cuatro sendas de disciplina y entrega, la del guerrero, la del vidente, la del sanador  y el maestro.

A través de la senda del guerrero obtendremos, los recursos, el poder.  El guerrero es un aventurero, un explorador, un brujo  que invoca la fuerza interior  defendiendo su postura sin entrar en discusiones. Confía en sus propios recursos, se responsabiliza de sus actos y palabras.

Mediante la senda del sanador tendremos que vernos capaces de prestar atención a lo que tiene corazón. El sanador abre su pecho al amor y a la gratitud, aunque tiene que salvar ciertas adicciones contrarias a la vitalidad como son: la adicción a la intensidad, que fomenta hábitos destructivos,  la adicción a la perfección que los vuelve a rígidos e intolerantes, la adicción a querer saber y controlar continuamente, y la adicción a exagerar las experiencias negativas.

El vidente nos ayudará a percibir  y decir la verdad en todo momento sin sentimiento de culpa. Es importante hablar con la lengua del espíritu, y es importante ver las cuatro formas, la intuición para entender la voz interior, la visión externa que analiza con objetividad, la visón interna que nos proporciona información a través de los sueños o de imágenes en estado de trance y la visón holística que nos aporta una visón completa  de la situación

Y la senda del maestro nos enseñará  a ser flexibles y a despegarnos de cosas o personas que nos hacen infelices, nos enseña a confiar , nos enseña  a aprender, a sentirnos cómodos en las circunstancias adversas  y nos enseña a mantener ese cierto sentido del humor cuando las cosas se complican. Nos guía a celebrar lo sagrado, a poner la intención para facilitar que todo vuelva a encajar en su sitio.

Un hombre medicina, danza, medita de pie, caminando, descalzando sus pies, tocando el suelo, tocando el cielo, alquimizando las energías telúricas y cósmicas en su pecho. Un hombre medicina ríe, canta, danza, reza, invoca a su propio animal de poder,  sueña, lucha, se responsabiliza, no inventa un falso Yo para agradar a otros, es flexible…. ES LIBRE.

LUHEMA

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