Deja de engañarte pensando que los remedios superficiales calmarán tu dolor.
Una profunda herida jamás podrá curarse del todo aplicando una escueta tirita.
Escucha y sincérate con la verdad acerca de tu dolencia y entonces comprenderás qué remedio tienes que aplicar.
Para comenzar a sanar tienes de dejar de simular que todo está bien, puedes posponerlo mientras el cuerpo te de una tregua, pero tarde o temprano tendrás que enfrentarte cara a cara con el profundo dolor, con las grietas de tu alma y ser capaz de ver qué es lo que provoca ese sufrimiento si quieres verdaderamente sanar. Además, si no lo haces, seguirá ahí llamando tu atención, esperando tu visita , tu reconocimiento y tu acción.
Cuando te adentres en la profunda herida, la limpiarás, porque el simple hecho de ver ese patrón desorganizado de sufrimiento en toda su amplitud y complejidad te hará de inmediato saber qué lo causó y qué lo perpetuó y dónde se encuentra la solución. Y entonces verás cual será tu cura medicinal, tu particual medicna, la adecuada para ti , porque tu vida, tu ser completo, te dará la confirmación respondiendo con fortaleza y no con debilidad y brotará de nuevo la vida.
LUHEMA























































