Artículo publicado en la revista
MANDALA LITERARIA del mes de Abril de 2012.
EL ARTE DE ESCRIBIR.

En la reciente conferencia y presentación de mi último trabajo, “SER DE LUZ LOS ESCRITOS DE LUHEMA” un asistente me preguntó que por qué escribía, si yo no me consideraba maestra de nada y, por qué publicaba mis libros. Esta pregunta un tanto “maliciosa” que se planteó en la charla, dio su fruto positivo, así que gracias porque eso me llevó a esta profunda reflexión que comparto con vosotros.
Para escribir, sólo hace falta tener ganas de contar algo y hacerlo. Y para publicarlo, querer hacer partícipe a los demás para compartir tu historia.
Vanagloriarse de ello es tontería, ya que lo único que se consigue es insuflar el ego, y éste resta creatividad a la hora de expresarse en las letras. Es normal que muchos escritores se sientan orgullosos de sus obras. Sus escritos han nacido de muchas horas de trabajo y al final ,son como hijos que se paren. Pero poniendo los pies en el suelo, todo escritor escribe siempre porque tiene algo que contar y que le encanta compartir, bien sea poesía, narrativa, prosa o vivencias propias. Además, no hay nada de malo en querer que te lean, pues seguro que a alguna persona le hace distraerse de su cotidianidad e inclusive se siente bien al introducirse de manera sutil y poco a poco en la historia que se cuenta, en la parábola, en el texto escrito, etc.
Para escribir sólo hace falta tener algo que contar y estar decidido a hacerlo, y nada tiene que ver el escribir y expresar tus experiencias, con la pretensión de sentirse maestro o guía de alguien. Escribo porque me hace feliz, eso lo primero. Escribo porque al escribir vuelvo a revivir las emociones y eso me sirve más aún para analizarlas desde otra perspectiva. Escribo porque las palabras alcanzan una dimensión de altura y libertad que casi llegan al alma.
Al escribir genero un placer que me libera de los malos momentos, de la apatía, y es como darse un paseo por el arte de dibujar palabras, de crear poesía, crear historias y la mente amplía horizontes, sueña, investiga, indaga por recovecos en los que puede aparecer la magia, los genios, el duende, la inspiración, la musa.
Tanto el artista, el pintor, el escultor, el contador de cuentos, el músico, el poeta, el cantautor, el danzante, el trovador etc…, es un ser libre cuando se expresa desde la honestidad y desde la visión de su horizonte, sin anteponer filtros. Cuando se encuentra en medio de su universo de creatividad genera libertad y ésta, nunca puede ser negociable con nada ni con nadie. Para ser auténtico escribiendo, creando, pintando, esculpiendo…, se tiene que abrazar la honestidad, los valores del corazón. Cuando uno escribe, se funde en el tiempo, se expande, pulsa y vibra en un ritmo distinto. El tiempo se convierte en arte, en darte y crearte a ti mismo puliéndote. Puede que escribas para ti, para tu deleite, pero además, puede ser que quieras compartir con los demás tus experiencias y emociones. Muchas veces las letras hacen de espejo para que otras personas se identifiquen con el reflejo de lo que cuenta esa historia, con lo que hay plasmado en el papel y recuerdan sus memorias, incitándoles a vivenciar de esa manera recuerdos que creían olvidados y que siempre han estado ahí, en algún lugar de su mente o de su corazón.
Yo dedico mis escritos al “gran” escriba,
al que hizo que le diera importancia al arte de escribir. Hermes- Thot.
Begoña Beneito (Luhema)























































