
La videncia es una de las capacidades que tiene un chamán. Pero no se es chamán por sentarse a ver las cuatro direcciones del espíritu, ni se es vidente porque se sepa leer las cartas de tarot o se tenga sensibilidad ante las cosas más sutiles. La videncia es algo muy serio que requiere un compromiso a nivel del alma que hace que la persona pase por unos procesos de autosanación a todos los niveles y, se desprenda de la ilusión de la materia cuando conecta con su maestro interno de videncia. Y eso no se consigue en un curso, ni de la noche a la mañana. Los potenciales de la videncia se pueden tener, pero poco a poco se van afinando hasta que se alinean con lo que eres.
Sé que son muchas las personas que ponen su capacidad de videncia al servicio y ayuda de los demás. Otros han hecho de esto un negocio que se ha convertido en un puesto de feria abierto de lunes a viernes de 4 a 8 de la tarde únicamente.
Y esto sinceramente ha hecho que sean cuestionados y puestos a prueba tanto su coherencia, como su forma de ser.
También se pretende que un vidente tenga las respuestas a todos los males e inclusive “exigen” por así decirlo, que se les de respuestas hasta en la cola de la panadería…,
Esta capacidad está mal entendida por muchas personas porque se ha hecho de esto un negocio fosco y un modo de sacarle el dinero a la gente, y esto ha creado mucha desconfianza y decepción.
Pero cuando el verdadero vidente interno se expresa, actúa sin condiciones, desde el auténtico yo, es cuando se honra todas las formas de ver y se es veraz y auténtico, capaz de manifestar la verdad sin culpabilidad ni juicio alguno. La responsabilidad del vidente y su compromiso consigo mismo, es algo muy importante ya que cada vez que el vidente ante una consulta no dice lo que ve, se está traicionado y velando su videncia. Un vidente no se vanagloria de esta capacidad porque es la voz de la conciencia la que se expresa y ésta, está exenta de ego.
LUHEMA





















































