
YO TE CONOZCO.
Es posible que durante nuestra vida nos encontremos con ciertas personas que nos dan un vuelco en el alma, y pensemos en nuestros adentros o digamos “Yo te conozco”, pero ese yo te conozco, es un conocer desde siempre, íntimo, tan íntimo que sabes a ciencia cierta que “algo” te une a él o ella desde tiempos muy remotos. El corazón así nos lo susurra y desde ese instante todo lo demás pierde importancia y es que dos almas se encuentran, y su encuentro es un choque energético que no puede compararse a ninguna otra cosa.
Quizá sea por el amor que hemos compartido, las experiencias de vida junto a nuestros seres queridos, junto a nuestra familia de alma, que tengamos la necesidad de viajar a través del tiempo para volvernos a encontrar, y volver a experimentar la alegría del encuentro en la materia.
Hemos compartido sueños, noches a la luz de luna, encuentros apasionados, nexos de unión, secretos y también nos hemos encontrado en diferentes tiempos y en diferentes tierras, desde los desiertos hasta las llanuras. Ellos nos han tendido su mano, han sido amantes, hijos, padres, amigos del alma…, son vínculos de eternidad que nunca nos abandonan.
Puede que su encuentro te pase desapercibido, pero cuando sucede hay algo que te conmueve, tal vez por alguna seña física, una forma de moverse, un cierto perfume natural, un cierto recuerdo instantáneo…, quién sabe, un acuerdo de ambos. Puede incluso que la otra persona no nos reconozca en un principio, porque su intelecto, su cultura, sus problemas forman un velo que cubre sus ojos y su corazón.
Pero en ocasiones basta con el roce de sus manos, con el cruce de miradas que nuestra alma recobra un impulso de recuerdo, de vida, de alegría, de aliento que nos confirma que ese vínculo existe, existió y seguramente también existirá en un futuro.
LUHEMA





















































