Esta es la historia de un niño pequeño que murió.

El padre del niño había muerto con anterioridad, y la madre sólo vivía para su hijo,

aquél niño era toda su vida.

 

 

La madre estuvo apunto de volverse loca de dolor, no quería que llevasen a su hijo al crematorio, y lo llevaron ante Buda.

-Sálvalo. Haz que vuelva a la vida.

- Imploró la madre

-Bien, dijo Buda; pero antes tienes que cumplir una condición.

Ve al pueblo y tráeme unas pocas semillas de mostaza, de una casa donde nunca haya

muerto nadie…

-La madre fue de casa en casa, en todas las casas le decían lo mismo, podemos darte todas las semillas de mostaza, pero aquí muchos de nuestra familia han muerto.

Al llegar la noche, la mujer tuvo un gran despertar.

Había ido por todo el pueblo y había obtenido siempre la misma respuesta.

Esta es la historia de un niño pequeño que murió.

El padre del niño había muerto con anterioridad, y la madre sólo vivía para su hijo, aquél niño era toda su vida.

Esa noche fue consciente de que la muerte es una realidad de la vida que no puede ser cambiada.

-Y reconoció. Aunque mi hijo viviese unos años más,tendría que volver a morir.

-Entonces dejó de llorar,estaba tranquila.

Se posó a los pies de Buda y este le dijo: -¿Dónde están las semillas de mostaza?-

 

La mujer sonrió y dijo:- Me has echo pensar, lo pasado, pasado está.

Ahora lo que me preocupa es cómo encontrar la verdad que nunca muere, esa verdad que es la vida misma.

 

 

Semillas de Salvación

Adaptación de una leyenda budista

un alto en el camino

Artículo publicado este mes en la revista “Mandala literaria”

 

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