VALORAR EL TIEMPO DE CONVERSACIÓN SIEMPRE ES FRUCTÍFERO.
( Artículo incluido en el número 12 de la revista MANDALA LITERARIA)
Dejadme que os cuente una historia personal que me hizo de verdad reconsiderar muchas cosas, sobre todo la forma con la que nos tomamos la vida muchos occidentales. Prisas, estrés, ir rápidamente hacia los objetivos impuestos por la sociedad para llegar a ser alguien, etc…, todo eso sabemos que no nos es muy saludable y aún a sabiendas de ello no le podemos poner remedio y toda excusa se nos pone en nuestro camino para agarrarse a nosotros y evitar ese respiro necesario.
Mirad lo curioso del caso. Estábamos mi esposo y yo en una medina del norte de África, un lugar especialmente bullicioso de gente local sobre todo artesanos que trabajan la piel, el latón, joyeros, vendedores de alfombras, de especias, ungüentos, en fin…, un bazar de comercios y tenderetes repleto de personas de paso donde se vende de todo. Nunca te puedes imaginar que dentro de aquella algarabía de voces puedas encontrar un suspiro, un remanso de paz, ya que la vida bulle mezclándose entre los olores de jazmín, el té y el calor.
De hecho fuimos a hacer unas compras, y normalmente en los países del medio oriente y de África el sistema de ventas es siempre el regateo y eso sí que es estresante para quienes no están acostumbrados, aunque nosotros ya estábamos al tanto y familiarizados de alguna forma al asedio de los vendedores de estos lugares, aún así he de decir que me encanta y os lo explico, me encanta porque la venta en sí es importante, pero las relaciones , el trato, la simpatía , la conversación e incluso las veces que se llega a discutir por el precio tiene su aquél, y del precio nos pasamos a hablar de fútbol. ¡Vaya! todo un giro en la conversación, ya que a los musulmanes les apasiona este deporte tanto o más que a nosotros, pues suelen ver muchos más partidos gracias al enjambre de antenas parabólicas que se pueden contemplar en su paisaje.
La conversación es uno de los pilares fundamentales de la relación humana y eso tiene mucho mérito hoy en día. Normalmente los occidentales en las grandes ciudades estamos acostumbrados cuando vamos a comprar a algún gran almacén, que ni siquiera las cajeras que te cobran son capaces de mirarte para ver quien eres. No es este el caso que voy a explicar.
Era una mañana en la decidimos pasar por el gran bazar para realizar compras y nos paramos a mirar una pequeñísima tienda abarrotada de productos de piel, bolsos, monederos…, y entonces se nos acerca un joven muchacho que por cierto parecía conocer muchos idiomas.
-¿Italianos? ¿Franceses?
Y así hasta que le respondes.- No, españoles. -¡Ah españoles! , ¿di dónde?, por que así hablan muchos. Y entonces le contestas. Y ahí es cuando estás perdido, claro, en el mejor sentido de la palabra. Y así comienzan a entablar contigo una pequeña conversación que se hace más y más intensa conforme van pasando los segundos. Yo digo que tienen la sabiduría de la calle, de las gentes, y que aprenden con una facilidad increíble tanto el lenguaje, las ciudades, las costumbres y hasta los supermercados en dónde compramos.
Pues bien, en eso que estaba interesada por un artículo y es tal su gracia, que te hacen entrar dentro de la tienda para que mires más y así poder empezar realmente con la venta. Entonces llega el momento del regateo y cuando estas en pleno tira y afloja y casi, casi apunto de cerrar el trato, es que entra normalmente un joven o el mismo vendedor te invita a tomar un té, y aceptes o no el tomarlo, el vendedor te deja y decide darse un respiro y beberse el té de hierbas con una tranquilidad inigualable. ¡Uau…! Puedes sorprenderte y que en medio de una venta en la que tenía tanto interés decida no hacer nada más que dejarte y disponerse a disfrutar de ese té de hierbabuena.
Quizá esa sea una buena práctica para que tú decidas sin presión qué hacer, y normalmente consiguen la venta. Un momento
de respiro en medio de ese trato hace que la mente se aquiete y que se quede con los momentos agradables de la charla.
A parte de que esa es una costumbre amistosa de todo el oriente de ofrecer té a los invitados a su casa, sirve también para compartir, para disfrutar de esos pequeños momentos en los que no se vende, ni se reza, ni se hace nada más que estar en el momento presente. Con este simple acto se anula la ansiedad, las prisas, las angustias, en fin esa moderna enfermedad de las prisas y el estrés. Seguramente un vendedor en cualquier otra zona del mundo no hubiera dejado la venta por un café o un té y hubiera intentado vendernos el objeto de inmediato o quizá ni hubiera insistido en ello. Lo curioso y que quizá no sepáis es que es costumbre en el mundo musulmán que el primer cliente que llega a tu tienda debe comprar algo aunque tan sólo sea una pequeña cosa de coste mínimo, ya que si no es así tienen la superstición de que el día no les irá nada bien en ventas, así que tienen por costumbre intentar la venta de la manera que sea.
Esta vivencia me llevó a la concusión de que en estas escuelas de la vida se aprende de la importancia del “tempo”, y hacer las cosas al ritmo que marca el destino genera que demos lo mejor de nosotros mismos, y aquel joven chaval hizo con ese gesto de, “ahora es la hora de tomarse un té”, que el placer del “no hacer” se acercara creando un espacio muy fructífero y expansivo. Lo de menos era el té.
Artículo de Begoña Beneito (Luhema)
























































¡¡Gracias por compartir!! Para mi es enriquecedor leer estas experiencias de vida que dejan un aprenidzaje, una fuente de reflexión y una ventana abierta para ver y vivir la vida de una forma más positiva.
Todas las culturas tienen un aspecto positivo, y conocer lo que es positivo de un contexto que no es el mío me ayuda a percatarme -de nueva cuenta-, que el mundo y las relaciones se construyen sólo medinate normas que nacen en el pensamiento, y que pueden modificarse para el bienestar de uno mismo y de los demás a veces con una sola palabra a un sólo acto.
¡¡Mil gracias Luhema!!
Saludos desde México
Marie de Alba gracias a ti, por entrar, leer y dejar tu comentario. Lo cierto es que podemos aprender de todas las personas con las que nos cruzamos en nuestro camino, en la vida, y la verdad es que esta experiencia fue muy enriquecedora para mí, y me hizo pensar mucho en cómo nos tomamos la vida en muchas ocasiones y también como nos privamos de conocer más a la gente por falta de tiempo, tiempo que verdaderamente no existe… ya que cuando te permites escuchar el tiempo se expande.
Un abrazo desde el alma y bendiciones (Baraka)
Luhema