UNA SIEMBRA DE AMOR.
La Vida en su más alta concepción, no tiene comparación con nada, pero podemos hacer un símil mirando a nuestro alrededor y lo podemos comparar con la vida que alberga un jardín o un campo, así que si quieres tener un bello jardín donde habitar, tienes que elegir buenas semillas, variadas y adecuadas para dónde estás, riégalas con cada acto de tu vida, con seguridad, con sensatez, con pasión, con amor, al amanecer o al anochecer o cuando lo creas necesario, y así obtendrás sus frutos, los más bellos frutos. Cada actitud que mostremos a través de nuestras palabras, nuestras emociones, nuestros sentimientos, son el poder vital y el abono de todas esas simientes que poseemos para hacer bello nuestro jardín, nuestro campo sembrado.
Sé sabedor que toda semilla tiene que pasar por las estaciones del año, la lluvia, la tormenta, el calor del verano y la dulce brisa de primavera, pero como la vida misma y nosotros a través de ella.
Cuando lleguen las tormentas y el aire sea tan potente que tengas miedo a que la semilla se eche a perder, ten fe porque nunca se perderá y seguirá su evolución. Ten en cuenta que las tormentas hacen que las raíces se agarren más fuertemente a la tierra. Muchas veces el dolor traerá otros frutos y volverás a sembrar, y con tus lágrimas regarás tierras que creías estériles, naciendo de ellas la esperanza.
Cuando llegue el fuerte calor y la sequía alcance tus tierras, riégalas con todo tu cariño. Tan sólo una gota de amor es suficiente para saciar la sed de aquél que ha perdido la esperanza de crecer o de vivir.
Cuando tus hojas caigan y no encuentres la belleza deseada, no te lamentes, porque es señal de que tú has sido el propio abono que de regreso vuelve a la tierra para hacerla más fértil a aquellos que te seguirán.
Y cuando al fin entiendas esto, y veas los hermosos frutos crecer, tendrás “el jardín de las Hespérides” en tu corazón, donde la belleza está siempre presente porque es inmortal.
Escrito por Luhema
















